PORLAMAR, ISLA DE MARGARITA

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SILBANDITO

Juan Rosas

Así quedó el Samaritano

Un día el Samaritano soñó con navegar entre verdes y blancos y por eso usó el Cerro La Cruz como su centro de operaciones para transitar los caminos de la política. No sabía que de reconcomios, frustraciones y mezcolanzas políticas no podría pasar, pues no tenía habilidad sino para arrugar la boca, protestar por la nada y someterse a pruebas de sobrevivencia política que en nada le ayudarían a salir a flote en un mundo cargado de obstáculos de distinta naturaleza. Pero el Samaritano creyó que vendiéndose como el paradigma de la humildad sería un hombre exitoso, pues creyó que solo él manejaba la palabra “humildad” y eso lo hizo creer que podía hacer carrera política desde un espacio sindical. No contaba el Samaritano que la historia del seguro lo marcaría como un individuo que jugaba a la mentira y a la osadía, pues se le fue la lengua y fueron los mismo agremiados los que lo crucificaron cuando cometió la torpeza de manifestar a vox populi sus anécdotas de las intimidades. Se equivocó el Samaritano en público y de esa estrategia de usar las palabras de los demás y las experiencias de los demás para burlarse le salió la misma cuña que lo llevaría a mofarse de sí mismo ante la gente. Es que ya venía de quedar en ridículo ante el público que lo sigue cuando jugó adelantado con el cheque que no era de su propiedad y lo tomó prestado para hacer un viaje de placer terrenal. Ahora si cometió el error debía pagarlo y no tratar de intimidar con un jurista sacado de las tiras cómicas que no podía ser curandero de las travesuras del “Samaritano avispado”. Ahora en lo que no sincroniza sus actuaciones “El Samaritano” es en sus actuaciones alocadas que en medio de la batalla sindical se dedicó a apostar a su protagonismo excesivo y terminó ridiculizado ante sus seguidores, pues quedó solito como las estrellas sin brillo comiéndose las uñas y mirando su oscuro futuro político. Se lanzó en barrena El Samaritano en busca de su salvación y fue a caer en los brazos de la muerte al entregarse a Mata Figueroa que lo usó, de la Jefa de Zona que también lo hizo trastabillar y en manos de un político con ambiciones que lo acogió en su regazo para ofrecerle villas y castillos aún cuando no conocía la ideología que pretendía abrazar.
Así quedó el Samaritano sin protagonismo convertido en un pescador de imperfecciones y con su mirada perdida en medio de un terreno fangoso que no conoce y que seguro por su cara arrugada por los odios milenarios, de seguro termina en los brazos de Caronte con uniforme militar. Esa es la triste historia de un Samaritano que no aprendió nunca a correr bicicleta y cuando el pelotón lo dejó solitario, no supo reaccionar para que el protagonismo se le fuera de las manos en medio de sus reconcomios acumulados. Ahora el Samaritano está solo, perdió su capital político y reclama imperfecciones que solo existen en su mente plagada de elementos negativos y de tristeza porque se le acabó el protagonismo. No le queda al Samaritano sino buscar excusas y pelear contra los molinos de viento en una búsqueda de disputas que solo existen en su memoria de la fantasía del seguro que lo convirtió en una caricatura del protagonismo enfermizo, pues como dijo Don Quijote “Todos los vicios, Sancho, tienen un no sé qué de deleite consigo: que el de la envidia no tiene sino disgustos” y agrega otro para orientar por lo menos en algo al perdido Samaritano “En el arte de la marinería más vale el más simple marinero, que el mayor letrado del mundo”. Verdad Samaritana.