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OPINIÓN

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

Nos jodimos

La ley 

Reinaldo Gadea Pérez 

Pareciera ser que en algo están de acuerdo los oficialistas y un sector de la oposición, pues han planteado extraoficialmente, un proyecto de ley que permita repatriar los dineros que han sido mal habidos en el país.

La pretensión surge a raíz de varias investigaciones realizadas fuera de la patria, que, de acuerdo a informaciones de prensa, que citan como fuentes al Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Banco Interamericano de Desarrollo, suman 350 mil millones de dólares americanos.

También salieron a relucir unas cuentas en territorio suizo, abiertas por instituciones gubernamentales, por allá en el 2007, y otras en una filial de la banca privada d'Andorra, estando esta última entidad investigada por lavado de dinero.

Pero el tema es, si se descubre que hay venezolanos que hayan lavado dinero fuera del territorio nacional, que a través de una ley patria, será imposible repatriar el dinero mal habido, bien sea por corrupción o por las coimas pagadas, y menos, si aquí no ha habido juicio alguno al respecto.

Las leyes rigen en el territorio de la nación que las dicta, así de sencillo, y el concepto de extraterritorialidad de la ley, solo se aplica, a través de una ficción jurídica, a las embajadas, consulados o bases militares, al igual que las misiones internacionales, como la ONU o la OEA y otros de esa naturaleza, pero nunca en el extranjero, de manera que, por esa vía, vislumbro que no tendremos éxito alguno en ese sentido.

Otro problema es el tipo de moneda en que estén las cuentas a través de las cuales se está lavando dinero, pues existen legislaciones, como la Ley Patriota de EUA, del 26 de octubre de 2001, promulgada después de los atentados del 11/09 de aquel año, y enmendada el 2 de marzo de 2006, pues establece que lo que se descubra y decomise que sea de los corruptos u otro tipo de delincuentes, o sea, dinero negro o gris, olvídense de repatriarlo, porque, los fondos que sean incautados por el Tío Sam, jamás lo devolverán, lo incautado allí se queda.

Y es que después del desastre que significó aquel septiembre para los angloamericanos, éstos optaron por sacrificar determinadas garantías constitucionales en beneficio de su seguridad, y entre ellas está la moneda, valga decir, el bendito dólar americano.

Leyes al respecto en el país, y desde hace años, abundan, como la Ley Orgánica de Salvaguarda del Patrimonio Público, malamente sustituida por la Ley Contra la Corrupción; la Ley Contra el Secuestro y la Extorsión y pare Ud. de contar.

Les voy a dar un ejemplo, la Ley Orgánica Contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo, que se refiere a personas políticamente expuestas, con muchos órganos de control, que prevé cualquier cantidad de delitos, incluyendo la indemnidad sexual, delitos contra la libertad de industria y comercio, financiamiento al terrorismo entre otros, pauta un servicio especializado para la administración y venta de los bienes que hayan sido incautados, jamás le devolverán a nadie, nacional o extranjero.

Lástima que no se apliquen, por la impunidad, es que hay tanta delincuencia organizada, y también desorganizada.

gadeaperez@cantv.net


Una colmena de puros zánganos 

Rafael Bayed 

La megalomanía está asociada al poder. Julio César, Napoleón, Stalin o Hitler son personajes históricos a los que se les ha atribuido rasgos megalómanos y narcisistas que les impulsaron a conquistar el mundo, en nuestra época Hugo Chávez no podía ser la excepción, quienes lo conocimos y tratamos, vimos en el visos de esquizofrenia producto de su megalomanía.

Fuerzas carniceras, carnívoras ateas, unidas a fuerzas, materialistas agnósticos, se unieron y con la obsesión de tomar el poder, apoyaron y ayudaron a un megalómano sicópata, quien asesorado por un criminal, de obsesión convulsiva, llegaron al poder tiros y troyanos.

Cuando se dio cuenta, que no era más que un personaje de las circunstancias de la época, asesorado y manipulado por Fidel Castro, usando el petróleo de los venezolanos, arrancó la epopeya de conquistar al Mundo, fracaso, solo oído por lo que representaba, el petróleo, comenzó la disociación política de la zona de Latinoamérica.

La primera tarea era crear una segregación geopolítica en el continente, se crearon órganos como, ALBA, Unasur y Celac, todas con el mismo objetivo, para que se pudiera confrontar a USA que es el anticomunista más radical del mundo. Guerra fría, Rusia aprovecharía la coyuntura para reanimar la tesis del comunismo en el mundo latinoamericano después de su fracaso en Europa. Teóricamente, el objetivo de todas es fomentar la integración regional, así como impulsar la agenda latinoamericana y caribeña en foros globales y fortalecer la cooperación de la zona, pero la realidad es otra, con el petróleo financiar regímenes cercanos al socialcomunismo, enfrentar a EEUU, y complacer al criminal más grande del siglo pasado y presente.

Después, disociar al pueblo venezolano fomentando el odio y la diferencia de clases, reducir a la clase media a la miseria y a la clase pobre a la marginalidad, para que todos terminen en estúpidos, con ello todos nos volveríamos zombis, como la mayoría de los pueblos subordinados a estos tipos de regímenes.

Corrompió a las instituciones del país, a los medios de comunicación los compraron o extorsionaron para servir a la causa de miserabilizacion del pueblo, a los pobres les lavo el celebro. La mayoría de los oficiales de las FAB, los convirtió en viva imaginen de Homero Simpson, espectadores de la tragicomedia de los que sustentan el régimen, felices por el negociado con testaferros. Bancarios, empresarios y comerciantes, en su mayoría complacidos por tanta carroña, sin control ni vigilancia. Con la Iglesia Católica no pudo.

La dirigencia de la disidencia, penetrada por delincuentes hasta los tuétanos, hace mella en la sociedad.

Ahora, Maduro, afianza el proceso, con mayor desfachatez. El país, es un panal de corrupción, violencia e incertidumbre, donde todos los zánganos chupan del elixir que produce la pudrición, terrorismo e inseguridad. Lamentablemente no hay hueso sano.

rbayed@gmail.com


El santo y la limosna 

Soledad Morillo Belloso 

Luis Vicente León, a quien respeto como profesional, aprecio como persona y estimo como amigo, se cansa de tratar de explicar en dónde estamos parados. No consigue hacerlo. Tampoco otros economistas. Nos hemos convertido en adictos a la más vana esperanza. Y quien se permita criticar el ilusionismo, recibe por respuesta un responso casi ceremonial, porque está prohibido rociar con agua de realidad a los ciudadanos. Así las cosas, estamos permanentemente entre suspiros y rezos. Buscando con desesperación alguien que nos diga lo que queremos oír.

Pero la verdad no puede ser abandonada a su suerte. Por triste o impopular que sea. Porque la mentira la pisotea y se enseñorea. El desastre está presente, omnipresente. No queda ya resquicio de la sociedad y la economía libre del caos. Y la corrupción, por mucho la más pestilente de nuestra historia, comienza a revelarse frente a los ojos atónitos de los ciudadanos. España, Andorra, Luxemburgo. Cantidades estrafalarias. Dineros mal habidos, birlados en negociados nauseabundos que engrosaron cuentas de los ladrones. Saqueo de las arcas públicas, que no es otra cosa que robo a los ciudadanos, sin distingo de raza, religión, estatus. Robaron al trigueño y al catire, al joven y al viejo, al urbano y al rural, al profesional y al obrero, a todos. Democráticamente. Hoy no solo somos más pobres, sino que estamos hipotecados por generaciones.

En países donde sí hay libertad de prensa y expresión, la verdad venezolana agarra titulares e investigaciones. Se ha visto apenas la punta del iceberg. Colegas de Argentina, España, Colombia, Uruguay, Estados Unidos y otros países han logrado desentrañar la madeja de la inmundicia. Agarraron el cabo de la hebra que al seguirla permite retroceder en el laberinto de transacciones, coimas, comisiones, estafas. La cuenta va por cifras estrafalarias.

Decía Tennyson que "el amor y la tos no pueden esconderse". Yo agrego el dinero. Si el inmenso monto de petrodólares que en teoría hizo Venezuela en estos años hubiera sido invertido, lo veríamos. Pero lo único que abunda en Venezuela es una pavorosa pobreza, la ruina de miles de empresas grandes, medianas y pequeñas, el olor del ñangarismo más tercermundista.

Los ladrones saben que están a punto de ser expuestos. Hay algunos cantando, a cambio incluso de ser admitidos en programas de protección de testigos. Entonces los corruptos se dedican a planificar su impunidad. A decidir a dónde escapar. Hay manuales detallados para ello. Ha de ser un país con secreto bancario y prohibición de extradición. De preferencia con clima benigno. Y buenos servicios públicos y delivery de todo. Tampoco es cuestión de pasar trabajo o terminar chancleteando en la nación de albergue.

Se llevaron el santo y la limosna. Y hasta los bancos de la iglesia. Eso sí, quemaron el confesionario. Y una gigantesca cantidad de los dineros esquilmados se les irán en comprar la indispensable impunidad.

No es linda la verdad. Pero negarnos a verla sólo nos hunde más. Los problemas no se resuelven cerrando los ojos y tapándonos los oídos. Los que hoy, vestidos de rojos rojitos, ocupan las curules parlamentarias nacionales son los principales cómplices de la vagabundería. Y hablando de esperanza, la única esperanza que tenemos de salir por las buenas de las arenas movedizas en las que nos hundimos es sacando a esos "señores" de allí. De lo contrario seguirán acabando con Venezuela. Votar, entonces, no es una opción, es una obligación para algo tan elemental como la supervivencia.

soledadmorillobelloso@gmail.com / @solmorillob