PORLAMAR, ISLA DE MARGARITA

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OPINIÓN

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Y los Billetes

Olvido imperdonable

Aureliano Buendía

Lo importante, en todo caso, es que la obra finalmente fue entregada a la feligresía, que venía reclamándola, pero lo lamentable es que el hecho haya servido para que el chavismo, convertido en gobierno, evidenciase una vez más su pequeñez de alma y, de paso, querer ganarse otra vez las indulgencias con escapulario ajeno. Y lo afirmamos porque es la verdad. La reparación, total, de la Iglesia de Santa Ana, templo histórico en el cual El Libertador fue aclamado como Jefe Supremo de la Venezuela que buscaba ser independiente, una aspiración que tenía que cumplirse con la urgencia que imponía su penoso estado, y eso no puede negarlo nadie, la inició el gobernador Morel Rodríguez Ávila. Pero su buena intención de culminarla cuanto antes, porque el pueblo de Santa Ana y de toda Nueva Esparta y Venezuela así lo exigían, tropezó innumerables veces con la actitud, muy mezquina y deleznable, del oficialismo en todos sus niveles.

Desde la propia Presidencia de la República hasta los organismos de infraestructura y de finanzas, porque en la primera se hizo punto de honor torpedear la intención de Morel de reconstruirla; en los segundos se decidió retrasar lo máximo la ejecución del proyecto y el tercero comenzó a negar los recursos. A pesar de estos escollos, el gobernador de la democracia insular inició la importante tarea, bajo las directrices, claro, del organismo que vela por el patrimonio nacional. Nadie, pero absolutamente nadie en Margarita puede negar que Morel se preocupó por esta tarea de tan fundamental importancia y significado. Pero los restauradores, que fueron los primeros en sentir los efectos perniciosos provenientes de los más altos niveles del poder central, y deben ser los que ahora sostengan lo que entones fue totalmente cierto, tuvieron que paralizar sus trabajos por falta de recursos que, siempre solicitados por Morel, sin embargo se retrasaban casi hasta convertirse en descarado abuso, todo para impedir que la obra se concretase.

Esta fue la verdad que escondió la señora directora o jefe de Pdvsa-La Estancia al entregar la obra, hace días, al adjudicarles al gobierno central y al gobierno regional la autoría y conclusión del proyecto. Le faltó sólo afirmar que fue el chavismo quien edificó la Iglesia y no los curas ni los albañiles que la construyeron hace ya más de siglo y medio. Por cierto, alguien conocedor de lo que en ese templo existía, el famoso “banco de madera” que sirvió de asiento a “los notables”, dice que fue “restaurado” de tal forma que “hasta le cambiaron el cuero original, por uno nuevo, es cuestión de averiguar la verdad definitiva.

Hay que dejar en claro que no se reclama que la obra se haya concluido, sí que la historia a escribirse, de ahora en adelante sobre ese otro “Templo de la Patria”, sea la real y no la acomodaticia, por cuestiones de vulgar politiquería, además de mucha mentira y no precisamente santas ni sacras intenciones. De todos modos, el pueblo de Santa Ana del Norte, que es un pueblo serio y responsable, sabe qué sucedió y no niega que Morel puso todo empeño, esfuerzo y dedicación para restaurar la Iglesia, en donde oró el Genio de América y creó la III República. A pesar de que algunos aprendices de líderes traten de negarlo tapando la luz del sol con un dedo. Las campanas del Templo de Santa Ana por siempre harán tilín-tilín-tilín para recordarles este olvido imperdonable.

Esta es la pura verdad.


Usa-Cuba: del dicho al hecho 

Rubén Osorio Canales 

Desde ayer se alborotó el avispero, unos bailando en una pata sin saber exactamente por qué, otros mordidos de la  rabia igualmente sin  poder explicar  exactamente por qué. Lo anunciado por Castro y Obama el 17 12 2014, aun siendo positivo,  no fue otra cosa que la firma de una carta de intención para rescatar unas relaciones perdidas por la insensatez, por lo tanto no se puede ni se debe sobre valorar el hecho y menos aun convertirlo en una pieza de la propaganda política.

 Estamos hablando de una agenda que habrá de revisarse paso a paso para llegar a un clima de comunicación aceptable para una relación de país a país con el respeto de sus mutuas soberanías. Por eso decimos que del dicho al hecho hay un trecho enorme lleno de  grandes obstáculos  por vencer, porque esta decisión bilateral tiene contento a un gentío, y muy bravo a otro gentío.

 Lo que anunciaron los dos presidentes puede entrar en el rango de aquellas noticias que para ser buenas y ciertas, deben pasar por una “guerra” de intensidad variable sin límite en el tiempo gracias a los radicales de ambos países. Por ahora  sólo podemos afirmar que hay la intención de abrir una embajada en Cuba, que Cuba necesita como nunca a los EUA y que para que  la concordia que muchos han pronosticado después de la noticia se materialice,  es necesario que el régimen de los Castro cambie su expresión tiránica, se abran las cárceles, se legalice la disidencia y eso es algo improbable.  Personalmente no creo en la paz en Colombia como la plantean las Farc y no creo tampoco que en Cuba lo medular del asunto que es el regreso a la democracia,  se vaya a cumplir. Los diez puntos básicos del acuerdo planteados por los dos presidentes,  además de nadar en un mar ambiguo con el asomo de buenas intenciones, nos dejan la sensación de estar en presencia “del fin de un diferendo diplomático entre los dos países, pero en ningún caso del fin del conflicto histórico entre EUA y Cubaque tiene que ver con la persistencia en la Isla de un régimen de partido único, ideología de Estado, y oposición  ilegítima”, como bien lo escribiera el escritor cubano Rafael Rojas. 

Catalogar un intercambio de presos y unas promesas vagas  de históricas es,  sin duda,  un exceso que provoca falsas efervescencias y distorsionadores espejismo que suelen hacer mucho daño sobre todo a la esperanza.    

Este podría   catalogarse como el posible    fin de lo que llaman una guerra fría,  pero de ninguna manera garantiza que la normalización de las relaciones estén a salvo de  marchas y contra marchas que las enturbien. Es recomendable leer con detenimiento los diez puntos del acuerdo leídos por ambos presidentes para poder entender tanto los vacíos que las afectan, como  las batallas que vendrán. Los anuncios del tiroteo ya han sido hechos y las primeras descargas las veremos una vez terminadas las celebraciones navideñas y el nacimiento de un nuevo año, por lo pronto los radicales de ambos bandos, entre trago y trago, ingesta de pavo y pernil, lechón y moros y cristianos,   están cargando las armas,  no con balas  de fogueo, sino de plomo pesado y grueso.

Para poder llamar histórico este proceso tiene que ocurrir que en Cuba no haya presos políticos, que se legalicen los partidos disidentes, que las mujeres de blanco pasen a ser un símbolo y un recuerdo, y los cubanos vuelvan a sonreír libremente a ritmo de guaguancó, pero esto es algo que se acerca a la utopía.   


El cambio comienza en las bases

Claudio Fermín

Los gobernadores tienen el reto del desarrollo regional. Aprovechar recursos y talentos de los distintos municipios que conforman sus Estados es una necesidad para crear polos de crecimiento. Los alcaldes tienen ante sí el desafío de los servicios públicos: alumbrado; recolección de basura; transporte público de pasajeros; mercados populares; cementerios; dotación de agua y la seguridad, entre otros.

Ambos funcionarios son electos por nosotros los ciudadanos. Deben convencernos sus proyectos y sus liderazgos. Llegan a esos cargos con nuestra aquiescencia pero su trabajo es la administración de complejas situaciones para organizar las regiones y los vecindarios. Su tarea diaria es el diseño, promoción  y gerencia de escenarios de bienestar.

Los diputados electos a la Asamblea Nacional, en cambio, no tienen Oficinas ni personal a su cargo. No reciben fondos públicos para administrarlos. No responden por proyectos económicos ni por programas sociales. No rinden cuenta de ejecución financiera alguna. Su tarea fundamental es representarnos.

Son líderes conocedores de sus municipios. Allí viven, luchan y lideran causas que les ganan el respeto y el cariño de sus vecinos. Se dedican a la agricultura, a la docencia, a la política, a las artes, al comercio, al periodismo, al deporte o a la actividad comunitaria. Son líderes locales y regionales en quienes confiamos y gracias a ellos sus gremios, sindicatos, partidos políticos y asociaciones son respetados en la comunidad. Son nuestros dirigentes.

No tiene sentido que un reducido grupo de seis o siete políticos puedan decidir quiénes serán los candidatos a diputados a la Asamblea Nacional en casi cien circuítos y en las listas de los Estados del país. Es una usurpación. Los ciudadanos no hemosdelegado en ellos la escogencia de nuestrosrepresentantes. Esa es una decisión que deben tomar los vecinos de cada municipio del país en consultas abiertas a todos los interesados.

Por eso he propuesto las elecciones de base, consultas a los ciudadanos, para escoger los candidatos a diputados a la Asamblea Nacional. Así funciona la Democracia. Otra cosa sería una arbitrariedad más de los cogollos y el desperdicio de una hermosa ocasión para empezar un verdadero cambio político.

@claudioefermin


Culpar al mercado no subirá los bonos

Luis Vicente León

En el caso de Venezuela -al igual que en el resto de países exportadores de petróleo- existe una relación directamente proporcional entre el valor de su deuda soberana y el precio al que se cotiza el crudo en los mercados internacionales. Dicha relación se hace más evidente en la medida en que crece la dependencia por la renta petrolera y no se haga nada por desarrollar fuentes alternativas de ingresos para el país. Por lo tanto, si más del 95% de las exportaciones venezolanas corresponden al sector petrolero, no podíamos esperar otra cosa que una caída de los bonos de la República ante la caída significativa del barril en los últimos meses.

Pero si a esa caída en los precios petroleros se le suma la inoperancia del gobierno para solventar los desequilibrios económicos que ya se habían generado incluso antes de la caída de los precios y que son hijos legítimos del modelo primitivo de control del Estado sobre la economía, la desconfianza de los mercados financieros en nuestra capacidad de pago aumenta, motivo por el que la deuda venezolana ha sido, y está siendo, dramáticamente castigada. Diría que incluso por encima de su riesgo real y sin considerar la historia crediticia impecable del país. Esto se refleja en la calificación de los bonos venezolanos, que fueron rebajados recientemente de categoría por Standard & Poor's y por Fitch Ratings; así como en su rendimiento promedio, que supera por mucho al de países en conflicto como Ucrania y Nigeria. Los bonos de Venezuela hoy, de acuerdo a sus precios, se podrían llamar bonos basura.

Si bien al gobierno puede disgustarle las percepciones que tiene el mercado sobre la deuda venezolana, lo que no tiene sentido es culparla por el deterioro de los precios de los bonos. La deuda de un país se ofrece a los inversionistas que quieran comprarla y ellos deciden si toman el riesgo, por lo que es absurdo culparlos de que tu deuda no valga nada.

Tratar al mercado y a los inversionistas como el enemigo, lejos de mejorar la situación la empeora. ¿O es que cuando a uno le toca solicitar un crédito en un banco o pedirle prestado a un amigo va de buenas a primeras haciendo reclamos y exigencias? ¡No!, cuando uno se ve en la necesidad de pedir, tiene la responsabilidad de generar confianza, informar con inteligencia tu capacidad de pago y cómo solventarás la deuda, para luego actuar en consecuencia. Es decir, la responsabilidad es del emisor y no del comprador de los bonos.

Viéndolo desde la óptica de la teoría de juegos, el gobierno tiene que entender su relación con los mercados financieros internacionales como un juego dinámico y no como un one shot. Es determinante tener claro que todas las acciones u omisiones del pasado repercuten en el presente, y que las actuales impactarán a futuro. Entonces, si pasas años sin discutir tus planes con el mercado internacional, despreciando el derecho que tienen los tenedores de deuda de saber cómo va su inversión, y cuando finalmente vas, les mientes, ¿qué crees que pasará?

El mercado internacional no se está preguntando si el gobierno venezolano quiere pagar su deuda, pues eso lo da por descontado; lo que duda es que tenga capacidad para solventarla y no entrar en default (riesgo que creo que el mercado exagera). Por lo tanto, la respuesta racional del Ejecutivo debe ser ratificar su disposición a pagar y explicar seriamente su capacidad y estrategia para hacerlo.

No se convence a los inversionistas metiendo la espada del Libertador en las reservas internacionales, sino ajustando y enseriando la economía. Los bonos venezolanos se desploman por la misma razón por la que el dólar paralelo sube por los cielos: Desconfianza.

Luisvicenteeon@gmail.com

@luisvicenteleon