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OPINIÓN

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

Jugada adelantada con el CNE

Autonomía y calidad para las universidades 

Francisco José Virtuoso SJ 

Llegó el mes de octubre y el pleno inicio del año escolar en todos sus niveles. La ocasión es propicia para reiterar las exigencias básicas que las universidades, agrupadas en la Asociación Venezolana de Rectores (Averu) vienen haciendo al Estado venezolano. El ministro Manuel Fernández, recién nombrado, ha expresado su deseo de oír, dialogar y encontrar soluciones a los muchos problemas estructurales que padecemos en el área.

Nuestro primer requerimiento es el respeto pleno a los derechos que consagra el principio de autonomía universitaria tanto para las instituciones públicas, como para las de gestión privada, tal y como lo establecen el artículo 109 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y la Ley de Universidades. La autonomía no contradice, según lo establece el referido artículo, el deber del Estado a inspeccionar y vigilar bajo las normas que establezca la ley, que en nuestro caso es la Ley de Universidades. Mantener y hacer valer este principio es importante pues muchos de los conflictos que las universidades han atravesado estos años están directamente relacionados con la pretensión, por parte del Ejecutivo nacional, de obviarlo o camuflarlo.

Relacionado con lo anterior, está lo referente al restablecimiento de los mecanismos ordinarios de gobierno para el subsistema universitario. Al Consejo Nacional de Universidades (CNU), por disposición legal establecida en el artículo 20 de la Ley de Universidades, le corresponde "definir la orientación y las líneas de desarrollo del sistema universitario, de acuerdo con las necesidades del país, con el progreso de la educación y con el avance de los conocimientos". Lamentablemente el CNU ha ido quedando en un organismo de información, perdiendo su carácter de instancia de decisión de políticas concretas para el subsistema universitario. Por su parte, los núcleos de vicerrectores académicos, secretarios y consejo consultivo de posgrado, órganos auxiliares y de apoyo al CNU, han quedado cada vez más relegados. Las decisiones administrativas del subsistema universitario han quedado centralizadas en manos del Ejecutivo nacional.

El problema presupuestario sigue siendo determinante. Las universidades públicas autónomas han expuesto en muchas ocasiones que el Ejecutivo ha reconducido el presupuesto asignado durante 7 años, reduciendo de esta forma su capacidad de remuneración al personal, de dotación adecuada para la formación y la investigación, así como de mantenimiento de los campus y renovación de mobiliario.

Por su parte, las universidades de gestión privada requieren también de apoyo presupuestario del Estado. Éstas cumplen una función encomiable, al igual que otros centros privados en todos los niveles educacionales, al brindar una oferta educativa complementaria a la que ofrece el Estado a miles de niños y jóvenes venezolanos, cuyos costos son cubiertos por los interesados. Sin embargo, haciendo uso de sus derechos, ellos demandan también al Estado fórmulas de cooperación para que las instituciones en referencia y sus familias no carguen con todo el peso económico de un recurso tan costoso como lo es la educación universitaria.

fjvirtuoso@ucab.edu.ve


El ministro aclara, y oscurece 

César Miguel Rondón 

El dólar el viernes llegó a 100 bolívares; se entiende, el negro, el paralelo, el que determina el auténtico precio del dólar porque es al que usted tiene que apelar en definitiva. Lo cierto es que, como bien apuntaba el economista García Banchs en un tweet el fin de semana, Ramírez, con la prepotencia con que suelen hablar los funcionarios de este régimen, dijo que iban a pulverizar al dólar paralelo, pero lo único que pulverizaron fue nuestro modesto y sencillo bolívar.

En estos tiempos, cuando el bolívar ya no vale nada, resulta que el señor Nicolás Maduro se gasta cerca de 10 millones de dólares en un viajecito a Nueva York. Y digo cerca de 10 millones porque, según las cifras del diputado Carlos Berrizbeitia, Maduro y su comitiva se rasparon 2.500.000 dólares en Nueva York. Sin embargo, la cantidad debe ser superior. Cuando el diputado hace su cálculo se refiere a lo que gastaron en estadía y hoteles. Pero a ello hay que agregarles los 5 millones de dólares que, como una bofetada a los venezolanos que no tienen acetaminofén en tiempos de chikungunya, el señor Maduro le dio al África para combatir el ébola. Además, agréguele usted las páginas del domingo, completas y a todo color, en The New York Times y en The Washington Post, las páginas más caras de la prensa mundial.

¿Y para qué estas páginas? Para darse una suerte de autobombo completamente inútil. El presidente Maduro habló ante una sala vacía. La Asamblea General le dio la espalda, a nadie le interesó lo que dijo. Quizá por ello publica en un apretado resumen su discurso con su foto a todo color: “We must build a new UN for pace”. Bla, bla, bla… En fin.

¿De dónde salen estos dólares? Se preguntan en El Nuevo País, ¿será que esos dólares sí los aprueba el Cencoex? Definitivamente, hay venezolanos de venezolanos. Unos son, por lo visto, más venezolanos que otros.

Ahora, mientras el señor Maduro estaba de viaje, acá en el país los venezolanos seguían tratando de vivir. Y a propósito de ese empeño el ministro de Interior Justicia y Paz, general Rodríguez Torres, dice: Ha mejorado la percepción de inseguridad porque hay menos secuestros y el Plan Patria Segura es todo un éxito. Pero lo más importante es lo que se destaca como gran titular en primera página del diario Vea: “Rodríguez Torres: Yo jamás seré un traidor”.

¿Qué es eso? ¿Por qué el señor Rodríguez Torres tiene que aclararlo públicamente?

Leo en páginas interiores:

“Entre las pocas virtudes que yo pueda tener están la lealtad y el compromiso, yo jamás sería un traidor. Estoy trabajando porque el presidente Nicolás Maduro me lo pidió y él sabe que cuenta conmigo para todo y más allá de eso soy respetuoso del legado del comandante Chávez”.

¿Por qué tiene que aclarar públicamente en un canal de televisión, en el programa de Rangel, que él es leal a Maduro, que él no es un traidor a Maduro? ¿Quién sospecha lo contrario?

Qué raro cuando se tiene que aclarar lo que debería tenerse por obvio, ¿verdad?


Historias paralelas 

Marco Negrón

A finales de la década de 1950 el economista brasileño Celso Furtado vaticinaba que Venezuela podría ser el primer país tropical en alcanzar el estatus de desarrollado. En esos años Corea, recién independizada de Japón, se enzarzaba en una brutal guerra entre el norte y el sur en la que se involucrarían la URSS, China comunista y Estados Unidos. Duró 3 años con un elevado saldo de víctimas y destrucción y concluyó con el país dividido. En el norte se instaló una de las más primitivas dictaduras comunistas, mientras que el sur conoció una secuela de gobiernos dictatoriales prooccidentales, hasta que en la década de 1990 comenzó a abrirse paso la democracia, hoy nuevamente amenazada. Con todo, actualmente es una de las economías más dinámicas e innovadoras del mundo.

A partir de 1958 Venezuela vivió 40 años continuos de democracia, que sin embargo no bastaron para que se cumpliera el vaticinio de Furtado; por el contrario, en los últimos 15 el rentismo petrolero se ha acentuado a niveles sin precedentes y el aparato productivo nacional prácticamente ha desaparecido.

Seúl, la capital de Corea del Sur, tenía casi 700 mil habitantes al finalizar la guerra en 1953 pero alcanzó los 5,5 millones en 1970, población que hoy duplica en el ámbito municipal y cuadruplica en el metropolitano. En 1950 también Caracas tenía 700 mil habitantes, pero su desempeño posterior ha sido mucho más modesto: hoy está en 3 millones de habitantes en los 5 municipios del área metropolitana y poco más de 5 millones en la región metropolitana, pero tradicionalmente sus autoridades la han considerado demasiado grande. La capital coreana es hoy la cuarta economía metropolitana del mundo, mientras que Caracas ocupa los últimos lugares en la región. Aquella ha apostado a planificar su futuro como ciudad compacta, privilegiando un sistema integrado de transporte público de vanguardia y fuentes alternativas de energía ambientalmente sustentables. En 1990 Caracas perdió el cerebro, la OMPU, que ordenaba su crecimiento y el año pasado el ministro encargado de su «transformación revolucionaria» se jactaba de no planificar, por lo que no sorprende la abierta hostilidad hacia los esfuerzos ordenadores de la Alcaldía Metropolitana. Se entiende entonces por qué no se ha cumplido el vaticinio de Furtado.

@marconegron / marco.negron@gmail.com


Venezuela: un pueblo feliz 

Elides J. Rojas L. 

Un pueblo feliz que compra lo necesario. Esa es Venezuela, según los últimos conceptos emitidos por la vocería oficialista. La afirmación implica tres cosas: los venezolanos están felices, los venezolanos compran, los venezolanos compran lo necesario. Todo eso conforma una visión de éxito, suponemos que en socialismo, pues hace 16 años que los venezolanos no oyen sino eso, aunque en la realidad sigan metidos en el mismo desorden, aunque agravado, en que se ha convertido Venezuela desde hace ya bastantes años.

El eslogan del funcionario que habla de venezolanos felices y comprando lo necesario implica, además, que la felicidad es un asunto que se alcanza de la manera más fácil: acercándose hasta el mercado y comprando lo necesario. Todo lo demás, a Dios gracias, no cuenta. Si en el concepto del funcionario del gobierno no entra el resto del marco en que se desenvuelve la vida de los venezolanos, pues tal vez el autor de la cuña tenga razón. Pero veamos, cuál es ese marco que habrá que desechar para darle la razón plena al viceministro de la Soberanía Alimentaria, Yván Gil.

Primero. Usted es feliz porque compra lo que necesita, cuando lo necesita y cuando le da la real gana de hacerlo. Así es en Managua, en Buenos Aires o en Quito, para solo nombrar algunos de los países del rebaño feliz. Allá hay de todo. Busquen en las páginas digitales de los diarios de esos países y verán que no hay debate sobre desabastecimiento o escasez. Así que esta condición para ser muy feliz solo se da en Venezuela.

Segundo. Revise las informaciones de la prensa de Uruguay, Brasil o Paraguay y verá que son pueblos sumamente infelices. No tienen cosas que en Venezuela hay para todos. No tienen una inflación enloquecida y conocen las cifras de los precios con toda puntualidad cada mes. No tienen problemas con el tipo de cambio, falta de divisas y menos de mercados negros incontrolables. Pobre gente. Por si fuera poco, esos pueblos caminan sin problemas a cualquier hora por las calles de sus ciudades sin temor a que llegue algún criminal y los mande directo a otra galaxia simplemente por quitarle el celular. Pobre gente, realmente. No saben lo infelices que son.

Tercero. Échele un a miradita a la prensa de Bolivia, Costa Rica o Guatemala y observe cuánta infelicidad hay entre esa gente que desde que se levanta hasta que se acuesta no hacen ni siquiera una cola para comprar la leche o el jabón. Pobre gente. No saben dónde están parados. Se ve que les hace falta una buena dosis de Socialismo del Siglo XXI para que comiencen a disfrutar lo que es realmente un pueblo feliz. Mientras tanto no son más que un pueblo normal. Más infeliz que feliz. Por ahí más o menos.

Cuarto. Miren los avisos en la prensa de Chile o de Colombia. Carros por bojote. Edificios por bojote. Apartamentos por bojote. Ofertas de viajes a montón. Nada de Cadivi o Cencoex. Pobre gente. Estos sí es verdad que están lejos de ser un pueblo feliz, del tipo que compra lo necesario.

Felices de verdad, verdad, solo en Venezuela.

erojas@eluniversal.com / @ejrl