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La cita de
hoy
La calle es el escenario de la protesta y
el voto es el arma del demócrata y ambos hay que ejercerlos siempre
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Todos a votar el 12
Estamos
en plena recta final de una competencia electoral que la ciudadanía pidió a
gritos para lograr la elección de un candidato de unidad nacional, y con él
enfrentar a quien dirige un proyecto político excluyente y con vocación
totalitaria, razón por la cual todo aquél que clamó y sufrió con la gestación de
esa unidad, está en la obligación de defender, proyectar y votar el doce de
febrero.
Bastantes bombardeos ha sufrido, sigue sufriendo y sufrirá el bastión de la
unidad, como para dejarla sola en el momento más decisivo y la única manera de
no hacerlo es votando con entera libertad de conciencia y en función de lo que
cada uno piense. He insistido mucho en que ciudadano es quien cumple con sus
deberes y derechos en profundidad, aquél que se preocupa por el funcionamiento
del Estado y de la gestión pública, aquél que expresa con entera libertad sus
puntos de vista y es capaz de manifestar sus diferencias con el status, sin
hacerle caso al hostigamiento que en un momento dado gobiernos poco tolerantes
con la llamada disidencia, puedan ejercer.
A la vista están las arremetidas contra el proceso unitario que han sido muchas,
todos sabemos que el objetivo de esas conductas es sembrar miedo, desmoralizar
al electorado que quiere un cambio de rumbo, que no quiere saber nada de
comunismo, ni de atentados contra la propiedad privada, que cree en la libre
empresa, en una sociedad más justa, que rechaza la satanización de la protesta y
que aboga porque la ley se respete y el habitante sea cada vez más ciudadano.
El miedo existe y es libre, sin embargo, hay que vencerlo para que no paralice,
para que no nuble la mente y nos deje a la intemperie convertidos en víctimas o,
lo que es peor, atacados por el síndrome de Estocolmo o sea al servicio del
secuestrador. Votar este doce de febrero en esas elecciones que pertenecen a la
conciencia democrática de los venezolanos, es un acto que nos hace más y mejores
ciudadanos. Sobre los candidatos lo sabemos todo, creo que una mayoría tiene su
decisión tomada de acuerdo a su militancia o simplemente a su percepción. Otros
están en la duda porque hay matices que posiblemente no han terminado de digerir
sobre alguna o varias candidaturas en observación y otros que estamos en la
recta de los tormentos porque nuestro candidato no figura entre los favoritos
según las encuestas. Sin embargo, seremos fieles a nuestro pensamiento, “no
importa el resultado, pero convencidos de haber hecho algo útil”, como dijo
Vaclav Havel al convocar al pueblo checo, a la disidencia que le devolvió la
democracia a Checoeslovaquia.
De los candidatos hemos escuchado sus planteamientos y vistas sus
movilizaciones, todavía hoy repasamos lo que nos dejaron los debates y cada
quien ha ido sacando sus propias conclusiones. Y al lado de esa matriz de
opinión hemos visto ya sin ningún asombro la vulgaridad de las agresiones que
han emprendido contra ellos, en nombre de la sin razón y el fanatismo fratricida
que albergan algunos espíritus incapaces de convivir con alguien que no piense
como ellos. Hay que estar claros en que, dependiendo de la fortaleza que podamos
exhibir el doce, dependerá la posible victoria del 7 de octubre, así como la
intensidad de la campaña que por muchas razones se piensa será muy sucia y en
esa materia hay gobiernos que suelen ser satánicos. Se acerca pues la hora de la
verdad para la masa opositora, y esa hora exige determinación, tener conciencia
que somos mayoría y mirar el futuro nacional con pasión verdadera.
Hay que repetirlo hasta el cansancio: en las elecciones de octubre nos estamos
jugando el destino del país porque lo que está planteado, para hablarlo sin
eufemismos, es democracia o comunismo y lo que es peor, una democracia impulsada
por la ciudanía consciente, luchando contra un comunismo impuesto por una
autocracia militar, armada y rica en recursos, aprovechándose de un pueblo
indefenso por su pobreza y su ignorancia. Una batalla tan desigual que en
ocasiones desanima al más combatiente de los espíritus. Sin embargo hay una
sociedad que no se deja, que lucha a la luz del día con lo que le queda de
democracia por un trato igual para todos.
Los días que nos separan del doce requieren una profunda reflexión acerca de la
importancia vital de acudir a las urnas a depositar el voto por quien más nos
guste para la tarea encomendada que no es otra que vencer. No es hora ni de
triunfalismos, ni de despechos y frustraciones. Si tenemos años pidiendo este
proceso, reclamando una unidad tangible, tenemos que ser consecuentes con lo que
pensamos.
Cada Ciudadano con C mayúcula, convencido del voto como herramienta para el
cambio, debe dedicar su tiempo a convences a quienes subestiman el valor de ese
derecho, a quienes dicen que no votarán el doce porque le darán su voto a
cualquiera que gane, a aquellos que son abstencionistas crónicos, o a otros que
pareciera no les importa el país. Votar es vital para la democracia, votar es
animar desde ya la gran batalla del 7 de octubre en la que Venezuela decidirá
entre comunismo, autocracia, militarismo, perpetuidad, pensamiento único y la
democracia con su pensamiento plural y el diálogo constructivo construyendo el
futuro más justo para derrotar la pobreza y la exclusión.
Todos a ejercer el derecho al voto.
El Plato
La
situación exige unidad, ensamblajes, conjunción de visiones distintas y
fortalecimiento en la lucha. Para una circunstancia como esta un grupo de
disidentes nos reunimos para preparar un PASTICHO MULTICOLOR. Lo hicimos con
berenjena y dispusimos entre capa y capa pimentones amarillos, verdes y rojos
bañadas cada una con un ragú de carne res y de cochino, mozarela de búfala y
lluvias de parmesano bañado al final con una bechamel con toque de nuez moscada
y curry. Lo comimos alejados de todo triunfalismo y esperanzados en una votación
masiva de todos aquellos que aspiran a un cambio de rumbo. | |