PORLAMAR, ISLA DE MARGARITA

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EL FOGÓN

Por: Rubén Osorio

La cita de hoy 

“¿Qué se puede decir frente a la crónica que relata la muerte de una pareja, torturados y asesinados delante de sus hijos, en Cagua? ¿Hay acaso algún sonido que te ayude a reaccionar ante la foto del camarógrafo Alejandro Ledo, ante la certeza de saber que fue lanzado por los aires desde un segundo piso? La realidad es tan dura que, más que indignarte, te deja mudo. A veces las noticias solo viajan en ambulancias o en carrozas fúnebres”·.

ALBERTO BARRERA TYSZKA7

SIEMBRA

 “Pero no olvides, que de acuerdo a la semilla

Así serán, los frutos que recogerás. Blades y Colón”.

Me llené de perplejidad cuando mi amigo Raúl Fuentes me refirió que cuando Willie Colón y Rubén Blades lanzaron al mercado  el tema Siembra, en pocos días en Venezuela se vendieron más de quinientas mil copias, lo cual fue considerado por Colón como algo que no se esperaban  digno de los record Guinnes. Mi perplejidad consistió en que habiendo sido tan abrumador ese éxito de tan magnífico tema, llegué a la conclusión que en Venezuela una buena parte de sus habitantes no habían aprendido la lección y para demostrarlo es suficiente  la gran paradoja de un gobierno que pretende enarbolar la bandera de la paz, con un permanente discurso de guerra, sin entender que si algo despierta fatales climas de incertidumbre, es precisamente el lenguaje de la violencia.

Armonizar es el primer verbo que ejecuta un cocinero a la hora de elaborar un plato, de no cumplir con ella fracasará  en su intento de convencer al comensal.  Esta vieja ley de la cocina debe valer para todas las actividades de la vida,  incluyendo la de gobernar.

Gobernante que no conjuga el verbo armonizar corre el peligro de enturbiar las aguas, de provocar conflictos que en nada contribuyen a  resolver los problemas y avanzar. Eso de romper el equilibrio, ignorar y por lo tanto condenar a una parte de la población a través de un discurso descalificador, es un camino  que sólo produce estancamiento, insatisfacción, desencanto, frustración, y protestas. Sin embargo vemos que a pesar que se multiplican las voces,  tanto las de adentro,  como las de afuera, pidiéndole al régimen  sensatez, diálogo y tolerancia,  el régimen no mejora, que su agresividad va a tono con lo que dicen todas las encuestas, que sus reacciones fuera de lugar y en  total antagonismo con el respeto ciudadano, con  los derechos humanos, tienen una relación directa con el despecho que le produce haber perdido de manera visible el afecto popular,  gracias a los profundos desaciertos de un gobierno que prometió bienestar y produjo más pobreza que la que ya tenía.

Demasiados abusos, violaciones, atropellos a la razón que un pueblo paciente pero digno y con carácter, no podía aguantar por mucho tiempo. Por eso vemos que despertó y,  ya sin vendas en los ojos, reclama. De allí las muestras evidentes de protestas que han mal puesto la ya mala voluntad del gobierno en su línea de agresiones. Haber extremado el castigo a López, Ceballos y los presos políticos al extremo que a los agraviados  no les quedó otro camino para sacudir la conciencia del pueblo que lanzarse a una huelga de hambre que pareciera llevar el mismo desarrollo y esperemos que no su desenlace de la famosa huelga del nunca olvidado Franklin Brito, es ya motivo de alarma nacional e internacional, pero si a eso le añadimos las amenazas de la alta cúpula comenzando por el Presidente de la República, cuando advierte que de no triunfar la revolución a Venezuela le espera sangre y muerte, las que salen de la AN cuando de la bancada oficial gritan que la única manera de tener paz es con la mayoría parlamentaria en sus manos,  o las que salen de la boca de algunos gobernadores como el de Aragua, Estado donde la violencia, el fanatismo, el fundamentalismo  se han  descarrilado con el estruendo de un tren a trescientos kilómetros por hora, llenando el espacio de paisajes macabros.    

Ver cómo actúan ciertos grupos  tan fanatizados que parecieran ser miembros o discípulos del ISIS  al tomar alcaldías gobernadas por la oposición, es un espectáculo que se hace más que  dantesco,  cuando impulsado por el odio y el fanatismo, agreden salvajemente a funcionarios y periodistas y hasta los lanzan al vacío sin ningún rasgo de arrepentimiento. Ver el ensañamiento contra nuestros presos políticos, o la persecución en caliente a la libertad de expresión o cómo ciertos jefes del gobierno declaran objetivos de guerra a líderes de la disidencia son,  como otras muchas,  señales que nos están diciendo que los tiempos que vienen son muy oscuros, y que más que nunca se requiere de una unidad todo terreno para sobrevivir y sobreponerse al sofoco. Que más que electoralmente, la unidad de todos los demócratas sin importar su filiación política, es una necesidad de supervivencia de la verdadera venezolanidad que reside en un sentimiento democrático indestructible.   Que mientras ese sentimiento esté presente en la mente de cada ciudadano podemos afirmar que los demócratas unidos nunca serán vencidos por ningún autoritarismo así venga con el sello castro comunista.

Toda vez que la cúpula cívico militar, más militar que cívica, tomó la decisión de pisarle el acelerador a la represión sin importarle las consecuencias, la oposición está obligada a unificarse más cada día y a concebir estrategias que evidencien la verdadera naturaleza del régimen para que el mundo entero vea con una claridad cada día mayor el autoritarismo y el ensañamiento de un régimen ofuscado, no solo por una crisis que sus propias decisiones provocaron, si no por   la crítica de la disidencia que hoy día es mayoría absoluta, y  por la desaprobación y el rechazo a sus métodos de toda la gente que una vez los acompañó y que hoy sencillamente abandona la nave con expresiones  críticas cada vez más visibles.

 Ciertamente  la fiera está herida y por lo tanto más peligrosa porque a lo largo de todos estos años se ocupó de sembrar demasiado odio con propósitos muy oscuros.  Cuando fueron encarcelados por intentar golpes de estado  muy sangrientos  que dejaron centenares de muertos y verdaderos intentos de magnicidio, recibieron un trato privilegiado que en nada se parece a los maltratos que hoy, los golpistas de ayer  instalados en un poder abusivo y abyecto,  le propinan a sus adversarios. Lo más preocupante de todo este asunto es que los verdugos no se cansan de sembrar  y recoger la cosecha de la violencia.  Por las  evidencias que dejan cada día, podemos presumir que son insaciables.

Un cuadro como el que estamos viendo, quita el hambre, por eso no hay plato.