PORLAMAR, ISLA DE MARGARITA

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CRÓNICAS BUCANERAS

Por: Miguel Conde

La señal del mártir


Oído en privado: Las cosas que más preocupan. Un discurso acostumbrado y dos rectificaciones saludables


Cierto. La lectura de encuestas verifica que la inseguridad es el problema que más preocupa a los venezolanos de hoy, bajo estos complicados tiempos de “revolución del cangrejo” que se promete “radicalizar”.
También las cifras de morgues y funerarias, que proporciona la inseguridad sin control, son sombrías: confirman una “matazón” más cuantiosa que una de las guerras balcánicas.
También la corrupción ya sin límites en el poder burocrático, que produce más daños económicos y morales sobre el país, es un mal que preocupa bastante. Y hasta el propio Presidente ha confesado que empieza a sentirse preocupado por los ruidosos actos de la corrupción en su gobierno..
Se concede entonces: esos dos males son una pesada y suficiente carga para sentir preocupación grande. Sin embargo, tampoco la resurrección de la práctica de la intolerancia y del canibalismo político son un mal menor. Y esta semana se exhibió una muestra enorme y emblemática.
En efecto. La muestra de ese mal se vino con la noticia de la muerte dolorosa de un nuevo mártir nacional: la del valeroso agroproductor Franklin Brito, muerto sobre la cama de un hospital militar, después de haber combatido, durante varios años y con huelgas de hambre, por la recuperación de la propiedad de su finca que le había sido quitada por el gobierno.
Un escándalo, ciertamente, que tuvo que trascender más allá de este país. Pero lo más ruidoso revelado en esa tragedia fue otro detalle y denunciado por los adoloridos hijos de la víctima.
Dijeron: “Nuestro padre, en lugar de recibir atención médica en ese hospital militar, sólo sufrió prisión y torturas. Y con su muerte, los autores violaron todos los derechos humanos”.
Increíble esa maldad. Sin embargo, los mismos hijos del agroproductor Brito revelaron también que su padre, minutos antes de cortar el hilo de la vida, les pidió cristianamente que “perdonaran a los responsables de su muerte”.
Esa revelación inquietante, desde luego, no podía ser el final de este drama. Y, en efecto, la función de alboroto y disgusto ha tenido que continuar con el acto siguiente de otra ruidosa denuncia para buscar culpables donde no los hay.
Cierto. Después de publicada la denuncia ilustrada por los hijos de la víctima, se anunció con gran diligencia la apertura de una investigación sobre la adolorida familia del ya sepultado agroproductor martirizado Franklin Brito, bajo la sospecha de “haberlo inducido al suicidio”.
Este cronista no dice que esa sospecha es obra del canibalismo político, salvo que lo parece. Pero sí se comparte lo que interpretan los observadores: el martirizado Franklin Brito no murió por los insanos efectos de las huelgas de hambre que se impuso como sacrificio durante cuatro años para reclamar la propiedad de su finca expropiada.
Murió, probablemente, por otra causa. Y se sospecha, según creen ver en Fiscalía, que se “suicidó por recomendación de toda su propia familia”. Pero esa sospecha cuesta digerirla.
También el historiador y poeta Francisco Salazar Martínez nos dice compartir la interpretación aún más inquietante de un filósofo amigo. Dice: “Todo mártir es la señal ya conocida de lo que espera a todo país cuyos habitantes hayan dejado quitarse la libertad, la democracia y la justicia”.

Viaje y discurso

Un poco antes de la muerte del mártir Brito y después del tiroteo en el Fuerte Tiuna, el viajero presidencial hizo maletas y su fue de visita a la Cuba de los Castro. No fue ese, desde luego, un viaje sorprendente. Pero sus críticos sospechan que “viajó para escuchar recomendaciones”.
Entiendo: eso de viajar para escuchar recomendaciones es sólo una sospecha que parece exagerada. Pero lo comprobadamente cierto ha sido otra cosa.
En efecto. Después de su breve visita a la isla del “mar de la felicidad”, sobre el que navegan sólo los prósperos balseros cubanos, el viajero presidencial cometió el repetido discurso del insulto conocido.
Apenas bajado de su avión, ciertamente, dijo lo que siempre se le escucha decir: que la inmensa mayoría de los venezolanos, opuestos por cierto a la sospechada “cubanización” de su país, son todos unos “oligarcas, escuálidos y apátridas”.
Debe admitirse, sin embargo, que también cometió un doble discurso de desmentido y rectificación más agradable. Primero, y para desmentir un mal rumor, dijo: “No tengo cáncer. Eso lo dicen mis adversarios que desean verme muerto. Pero les deseo larga vida a mis adversarios”.
Siguió luego el discurso presidencial de la rectificación más sorprendente. En efecto. Después de haber prometido en un discurso anterior que no le daría recursos del Estado a los hospitales que dependen de alcaldías con alcaldes de oposición, cambió de opinión y mandó a retirar esa promesa.
Esa rectificación sabia cayó muy bien. Y se pudo ver y oír que fue aplaudida en todas partes.

¿Fusión indigesta?

Otro mal que preocupa a los venezolanos de hoy, según verifican las encuestas todas es “la cubanización de su país”. Y el rechazo popular es agrio y abundante.
Ciertamente, se oye decir que la invasión de cubanos sigue aumentando. Y también rebota el rumor según el cual ya estarían controlando áreas importantes de la sociedad venezolana: notarias, registros, hospitales, aeropuertos y hasta instalaciones y fuertes militares.
Este mal, se admite, parece una exageración. Pero el politólogo Héctor Pérez Marcano, antes fundador del ya desaparecido partido MIR, nos decía el otro día que no había dudas sobre “la invasión de cubanos”. Y también revelaba haberse enterado de algo muy alarmante.
Escribió, en efecto: “El proyecto de Chávez no sólo tiene objetivos totalitarios sino que pretende también cometer el “patriótico” acto de fusionar a este país nuestro con la Cuba de los Castro”.
También recordó Pérez Marcano que ya el dueño heredero de Cuba, Raúl Castro, hizo el anuncio. Dijo: “Cuba y Venezuela son una misma cosa”.
Sin embargo, debe recordarse también que el orador presidencial hizo otro y diferente anuncio hace algunos días. Dijo que “su proyecto no tiene nada que ver con el fracasado y ruinoso modelo cubano”.
Complació oír ese anuncio. Los hechos, sin embargo, y como advierte Héctor Pérez Marcano, parecen asomar otra cosa.
Cierto. En la gente más pesimista y desconsolada se comparte una misma y mala impresión. Y se dice: “Quienes ya destruyeron su país, se los traen para que destruyan el nuestro”.
Se comprende la preocupación de la gente. Pero no es necesario exagerar más.

En privado:

+++ Me hacen llegar la carta que la esposa y los hijos del mártir Franklin Brito enviaron a organismos internacionales. Resumen allí que “murió, después de una lucha de más de seis años, más de ocho huelgas de hambre, la mutilación de un dedo y haber sido víctima de una irregular privación de libertad. Todo esto no significa, sin embargo, que Franklin Brito ha muerto. Franklin vive en la lucha del pueblo venezolano por el derecho a la propiedad, el acceso a la justicia, por la vida en libertad y el respeto de los gobiernos a los derechos humanos, colectivos e individuales”.
+++ Un datero nos dice que se ha construido una Base Aérea en el alto Orinoco cerca del Tepuy Druida. La base tendría una pista de 7.000 pies de largo. Es decir, más de 2 kilómetros. Y sería operada por personal iraní, y cubano. Pero es sólo un dato sin verificar.
+++ Un amigo nos cuenta que observó la visita del candidato Tobías Bolívar en la población de El Cercado. Y nos dice: “La recepción popular fue multitudinaria. Y el discurso fue más aplaudido cuando dijo lo que todo el pueblo conoce: que ahora el candidato del gobierno le ofrece al pueblo la comida podrida de Pdval para matar el hambre que este mismo mal gobierno rojo ha sembrado”.
+++ Las encuestas todas confirman una oposición ya electoralmente mayoritaria. Y en Nueva Esparta no es diferente: es la más numerosa y se verifica en el extenso consenso popular que acompaña a los candidatos de la Mesa de la Unidad, encabezados por el aspirante Morel Rodríguez Rojas, quien suma el mayor porcentaje de favoritismo.
+++ Por cierto. Nos decía el candidato Morelito Rodríguez que comparte enteramente la esperanza expresada por los obispos de la Iglesia Católica. Dijeron en efecto, que “esperan, con toda seguridad, que el 26 de septiembre el pueblo venezolano recupere la democracia”.