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La señal del mártir
Oído
en privado: Las cosas que más preocupan. Un discurso acostumbrado y dos
rectificaciones saludables
Cierto. La lectura de encuestas verifica que la inseguridad es el problema
que más preocupa a los venezolanos de hoy, bajo estos complicados tiempos de
“revolución del cangrejo” que se promete “radicalizar”.
También las cifras de morgues y funerarias, que proporciona la inseguridad
sin control, son sombrías: confirman una “matazón” más cuantiosa que una de
las guerras balcánicas.
También la corrupción ya sin límites en el poder burocrático, que produce
más daños económicos y morales sobre el país, es un mal que preocupa
bastante. Y hasta el propio Presidente ha confesado que empieza a sentirse
preocupado por los ruidosos actos de la corrupción en su gobierno..
Se concede entonces: esos dos males son una pesada y suficiente carga para
sentir preocupación grande. Sin embargo, tampoco la resurrección de la
práctica de la intolerancia y del canibalismo político son un mal menor. Y
esta semana se exhibió una muestra enorme y emblemática.
En efecto. La muestra de ese mal se vino con la noticia de la muerte
dolorosa de un nuevo mártir nacional: la del valeroso agroproductor Franklin
Brito, muerto sobre la cama de un hospital militar, después de haber
combatido, durante varios años y con huelgas de hambre, por la recuperación
de la propiedad de su finca que le había sido quitada por el gobierno.
Un escándalo, ciertamente, que tuvo que trascender más allá de este país.
Pero lo más ruidoso revelado en esa tragedia fue otro detalle y denunciado
por los adoloridos hijos de la víctima.
Dijeron: “Nuestro padre, en lugar de recibir atención médica en ese hospital
militar, sólo sufrió prisión y torturas. Y con su muerte, los autores
violaron todos los derechos humanos”.
Increíble esa maldad. Sin embargo, los mismos hijos del agroproductor Brito
revelaron también que su padre, minutos antes de cortar el hilo de la vida,
les pidió cristianamente que “perdonaran a los responsables de su muerte”.
Esa revelación inquietante, desde luego, no podía ser el final de este
drama. Y, en efecto, la función de alboroto y disgusto ha tenido que
continuar con el acto siguiente de otra ruidosa denuncia para buscar
culpables donde no los hay.
Cierto. Después de publicada la denuncia ilustrada por los hijos de la
víctima, se anunció con gran diligencia la apertura de una investigación
sobre la adolorida familia del ya sepultado agroproductor martirizado
Franklin Brito, bajo la sospecha de “haberlo inducido al suicidio”.
Este cronista no dice que esa sospecha es obra del canibalismo político,
salvo que lo parece. Pero sí se comparte lo que interpretan los
observadores: el martirizado Franklin Brito no murió por los insanos efectos
de las huelgas de hambre que se impuso como sacrificio durante cuatro años
para reclamar la propiedad de su finca expropiada.
Murió, probablemente, por otra causa. Y se sospecha, según creen ver en
Fiscalía, que se “suicidó por recomendación de toda su propia familia”. Pero
esa sospecha cuesta digerirla.
También el historiador y poeta Francisco Salazar Martínez nos dice compartir
la interpretación aún más inquietante de un filósofo amigo. Dice: “Todo
mártir es la señal ya conocida de lo que espera a todo país cuyos habitantes
hayan dejado quitarse la libertad, la democracia y la justicia”.
Viaje y discurso
Un
poco antes de la muerte del mártir Brito y después del tiroteo en el Fuerte
Tiuna, el viajero presidencial hizo maletas y su fue de visita a la Cuba de
los Castro. No fue ese, desde luego, un viaje sorprendente. Pero sus
críticos sospechan que “viajó para escuchar recomendaciones”.
Entiendo: eso de viajar para escuchar recomendaciones es sólo una sospecha
que parece exagerada. Pero lo comprobadamente cierto ha sido otra cosa.
En efecto. Después de su breve visita a la isla del “mar de la felicidad”,
sobre el que navegan sólo los prósperos balseros cubanos, el viajero
presidencial cometió el repetido discurso del insulto conocido.
Apenas bajado de su avión, ciertamente, dijo lo que siempre se le escucha
decir: que la inmensa mayoría de los venezolanos, opuestos por cierto a la
sospechada “cubanización” de su país, son todos unos “oligarcas, escuálidos
y apátridas”.
Debe admitirse, sin embargo, que también cometió un doble discurso de
desmentido y rectificación más agradable. Primero, y para desmentir un mal
rumor, dijo: “No tengo cáncer. Eso lo dicen mis adversarios que desean verme
muerto. Pero les deseo larga vida a mis adversarios”.
Siguió luego el discurso presidencial de la rectificación más sorprendente.
En efecto. Después de haber prometido en un discurso anterior que no le
daría recursos del Estado a los hospitales que dependen de alcaldías con
alcaldes de oposición, cambió de opinión y mandó a retirar esa promesa.
Esa rectificación sabia cayó muy bien. Y se pudo ver y oír que fue aplaudida
en todas partes.
¿Fusión indigesta?
Otro
mal que preocupa a los venezolanos de hoy, según verifican las encuestas
todas es “la cubanización de su país”. Y el rechazo popular es agrio y
abundante.
Ciertamente, se oye decir que la invasión de cubanos sigue aumentando. Y
también rebota el rumor según el cual ya estarían controlando áreas
importantes de la sociedad venezolana: notarias, registros, hospitales,
aeropuertos y hasta instalaciones y fuertes militares.
Este mal, se admite, parece una exageración. Pero el politólogo Héctor Pérez
Marcano, antes fundador del ya desaparecido partido MIR, nos decía el otro
día que no había dudas sobre “la invasión de cubanos”. Y también revelaba
haberse enterado de algo muy alarmante.
Escribió, en efecto: “El proyecto de Chávez no sólo tiene objetivos
totalitarios sino que pretende también cometer el “patriótico” acto de
fusionar a este país nuestro con la Cuba de los Castro”.
También recordó Pérez Marcano que ya el dueño heredero de Cuba, Raúl Castro,
hizo el anuncio. Dijo: “Cuba y Venezuela son una misma cosa”.
Sin embargo, debe recordarse también que el orador presidencial hizo otro y
diferente anuncio hace algunos días. Dijo que “su proyecto no tiene nada que
ver con el fracasado y ruinoso modelo cubano”.
Complació oír ese anuncio. Los hechos, sin embargo, y como advierte Héctor
Pérez Marcano, parecen asomar otra cosa.
Cierto. En la gente más pesimista y desconsolada se comparte una misma y
mala impresión. Y se dice: “Quienes ya destruyeron su país, se los traen
para que destruyan el nuestro”.
Se comprende la preocupación de la gente. Pero no es necesario exagerar más.
En
privado:
+++
Me hacen llegar la carta que la esposa y los hijos del mártir Franklin Brito
enviaron a organismos internacionales. Resumen allí que “murió, después de
una lucha de más de seis años, más de ocho huelgas de hambre, la mutilación
de un dedo y haber sido víctima de una irregular privación de libertad. Todo
esto no significa, sin embargo, que Franklin Brito ha muerto. Franklin vive
en la lucha del pueblo venezolano por el derecho a la propiedad, el acceso a
la justicia, por la vida en libertad y el respeto de los gobiernos a los
derechos humanos, colectivos e individuales”.
+++ Un datero nos dice que se ha construido una Base Aérea en el alto
Orinoco cerca del Tepuy Druida. La base tendría una pista de 7.000 pies de
largo. Es decir, más de 2 kilómetros. Y sería operada por personal iraní, y
cubano. Pero es sólo un dato sin verificar.
+++ Un amigo nos cuenta que observó la visita del candidato Tobías Bolívar
en la población de El Cercado. Y nos dice: “La recepción popular fue
multitudinaria. Y el discurso fue más aplaudido cuando dijo lo que todo el
pueblo conoce: que ahora el candidato del gobierno le ofrece al pueblo la
comida podrida de Pdval para matar el hambre que este mismo mal gobierno
rojo ha sembrado”.
+++ Las encuestas todas confirman una oposición ya electoralmente
mayoritaria. Y en Nueva Esparta no es diferente: es la más numerosa y se
verifica en el extenso consenso popular que acompaña a los candidatos de la
Mesa de la Unidad, encabezados por el aspirante Morel Rodríguez Rojas, quien
suma el mayor porcentaje de favoritismo.
+++ Por cierto. Nos decía el candidato Morelito Rodríguez que comparte
enteramente la esperanza expresada por los obispos de la Iglesia Católica.
Dijeron en efecto, que “esperan, con toda seguridad, que el 26 de septiembre
el pueblo venezolano recupere la democracia”. |
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